sábado, 16 de enero de 2016

XXIV (COMEDIAS Y PROVERBIOS O UN CUENTO MORAL)

Galicia. Poesía. Una canción de los Beatles. Amor como luz que traspasa la distancia y la enfermedad, llenando todo el espacio.

Lois Pereiro lo tiene todo para unirnos. A veces escribe como si hablara, improvisando ante un auditorio vacío. Como quien por fin recibe, después de mucho tiempo, la llamada de teléfono de la persona lejana que nunca ha dejado de iluminar sus días. Con prudencia. Con ilusión precavida.
Nos recuerda un poco a Manuel Rivas, quizá por su sencillez, por la melancolía imperceptible de todo lo que dice. Y por Galicia, una tierra que ya es parte de nuestra forma de sentir y relacionarnos.
Y no podemos dejar de imaginar esa canción de los Beatles saliendo de otra habitación, como un recuerdo venido de lejos a abrirnos a una música y unos recuerdos que siguen ahí, intactos y luminosos, como si acabaran de nacer.


“Dear Prudence, dear prudence…”  De la habitación vecina, de la que solo me separaba una larga pared, salía por la puerta esa canción que me decía tantas cosas hace veinte años. Dear Prudence, sí, dear Prudence salpicando de música y de palabras la espesa luz del sol vestido de lujo dominical.
El teléfono dio señales de vida.
Contesté a la llamada y era ella,
la que sobrevolaba a menudo mis insomnios,
breve,
y crucificaba mis noches sin saberlo,
pisando mis sueños en silencio.
Su voz sonaba animada y alegre, como si la vida
fuese en ese momento para ella
un baño relajante de indulgencia.
Y finalmente dijo que pensaba en mí y me
quería. Eso era cierto.
De alguna manera era cierto, supongo. Debía serlo.
Así y todo sé que no se sentía feliz por eso
exactamente. Tampoco
por saber desde el principio lo que yo la quiero.
Pero cierta paz cósmica me acoge, haciendo levitar
mi espíritu,
y aviva la energía que tengo yo a mis pies,
adormilada,
oyéndole decir esas palabras. Sintonizo la emisora
de su alma,
y absorbería yo todo su sufrimiento. Te quiero.
Sí, yo también te quiero.
Y su voz retrocede a la velocidad de la luz por el
interior de un cable;
atraviesa las marinas, las llanuras, las sierras, los valles,
y la inmovilidad del sol
que arde sobre el canto de los grillos
en la soledad
de los páramos de la meseta
central. Y al llegar a su meta se va evaporando
cierto rumo atlántico
que hierve sobre el asfalto.
Pienso en ella. Pienso en mí en esta tierra. Dos
esencias ausentes casi siempre.
Nuestra coexistencia es algo intangible, como un
Éric Rohmer en nuestras
vidas: describir sutilmente de qué manera va
creciendo la hierba a su alrededor.
Porque yo debo quererla como se querían los
príncipes en los cuentos de Grimm, o Andersen,
cuando desear todavía era útil.
Nada más. Nada menos.

Lois Pereiro (1958-1996) fue un autor itinerante, políglota, viajero. De una sensibilidad deslumbrante, vitalista y comprometido, escribió una serie de poemas estando ya muy enfermo que recogió en el libro Poesía última de amor y enfermedad, un testimonio de amor que trasciende el sufrimiento, los recuerdos y las razones para vivir. Como dijo Manuel Rivas, quizá no haya habido "texto poético más íntimo y conmovedor desde el Follas novas de Rosalía."

Extracto de "Dear Prudence", la canción de los Beatles que menciona Lois Pereiro. 




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