Mostrando entradas con la etiqueta denuncia social. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta denuncia social. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de enero de 2017

MI LIBERTAD

Hay pocos pueblos que tengan más derecho a ponerse en pie y exigir libertad que el pueblo palestino. Siempre ocupado, invadido, reprimido, humillado, despreciado. Siempre al margen de la legalidad, al margen de la dignidad y de los derechos humanos. Siempre considerado sospechoso de querer vivir en paz, de permanecer en sus casas y en sus ciudades, sospechoso de querer vivir sin la amenaza constante de un control, de un arresto, de una condena por terrorismo sin pruebas ni juicio. 
Esta lucha sangrienta y desesperada por su libertad se refleja en este poema de la poeta palestina Fadwa Tuqán. La libertad nunca ha sido para ella algo que se obtiene ni se aprende. La libertad hay que gritarla, hay que defenderla a golpe de poesía, a gritos, siempre, porque quedarse callado es la manera más rápida de perderla. 






Seguiré escribiendo su nombre mientras combato en la tierra,
en las paredes, en las puertas, en las azoteas de los hogares, 
en el templo de la virgen, en el altar, en los caminos de los huertos,
en cada colina, cada pendiente, cada esquina y cada calle,
en la cárcel, en la celda de tortura, en los dos palos de la horca.
Y pese a las cadenas, pese a las casas bombardeadas, pese a las llamas de los incendios,
seguiré escribiendo su nombre hasta verlo extendido y crecer en mi patria
y siga creciendo
y siga creciendo
hasta cubrir palmo a palmo toda la tierra,
hasta que vea la libertad roja abriendo cada puerta,
hasta que la noche se escape y la luz ataque los muros de la niebla. 
¡Mi libertad!
¡Mi libertad!
Y como un eco, el río sagrado y los puentes dicen:
¡Mi libertad!
Las dos riberas dicen: 
¡Mi libertad!, y los pasos del furioso viento
En mi patria el trueno, la tormenta y la lluvia dicen conmigo:
¡Mi libertad! ¡Mi libertad! ¡Mi libertad!





Fadwa Tuqán (1917-2003) es conocida como "la poeta de Palestina". Su hermano, el también poeta Ibrahim Tuqán, fue quien la introdujo en el mundo de la poesía y ella la desarrolló de forma innovadora, saliendo del clasicismo ponderante de la anterior poesía árabe. Ella experimentó con el verso libre cultivando a la vez poesía tradicional y moderna. La reconocemos como la poeta palestina del amor, la revolución, el cambio social y la libertad. 

Sus publicaciones estuvieron presentes en la prensa egipcia, iraquí y libanesa y su vida y obra cambiaron sustancialmente tras una estancia de dos años en la capital inglesa a principios de los años sesenta. Allí entró en contacto con la cultura europea y su vida y poesía se enriquecieron de manera importante.



sábado, 21 de mayo de 2016

EL OCASO DEL SIGLO

Patricia y yo esperamos muchas cosas. Por ejemplo, que la gente deje de agredirse por identidades inventadas, deje que estafar al Estado porque pueden permitírselo o se atreva a poner un rostro humano a aquel que llama refugiado. Para el siglo XXI esperamos muchas cosas. Tantas como esperaba Szymborska para el XX, o incluso más. Menos puños cerrados y más confianza. Más manos abiertas. Más generosidad. Y por supuesto, más literatura. Para preguntarnos cómo vivir y tener tantas respuestas ingenuas en la punta de la lengua que no sepamos por dónde empezar. 


EL OCASO DEL SIGLO

Nuestro siglo XX iba a ser mejor que los anteriores.
Ya no podrá demostrarlo,
tiene los años contados, 
titubeante el paso,
fatigada la respiración.

Ya han sucedido demasiadas cosas
que no debían haber pasado
y lo que tenía que pasar
no pasó.

Teníamos que avanzar, por ejemplo,
hacia la primavera y la felicidad. 

El miedo tenía que dejar las montañas y los valles.
La verdad tenía que llegar a la meta
antes que la mentira.

Ciertas desgracias no iban
a suceder más:
por ejemplo, la guerra
y el hambre, y tantas otras.

Se iba a valorar
la indefensión de los indefensos,
la confianza y ese tipo de cuestiones.

Quien quería alegrarse del mundo
se encuentra ahora
ante una misión imposible.

La estupidez no es graciosa.
La sabiduría no es alegre.

La esperanza ya no es, por desgracia,
esa muchacha joven. 

Dios iba al fin a creer en un hombre
bueno y fuerte,
pero el bueno y el fuerte
siguen siendo dos hombres diferentes.

Cómo vivir, me preguntó en una carta alguien
a quien yo pensaba formular
la misma pregunta.

Una vez más y como siempre,
según lo dicho anteriormente,
no hay preguntas más urgentes
que las preguntas ingenuas.





Wislawa Szymborska (1923-2012) vivió buena parte del siglo XX. Esperó muchas cosas de su siglo, y vio pocas realizadas. Con una mirada despierta y curiosa buscó lo excepcional en lo cotidiano, sin eludir la ligereza y la broma, a pesar de la crueldad y las sombras de su Polonia sovietizada. En las fotos aparece casi siempre sonriente, con el gesto travieso y plácido de quien ha encontrado una forma de serenidad a fuerza de luchar calladamente contra el dolor de un mundo terrible. Y así son sus poemas, perspicaces y tranquilos, amargos a veces pero sin oscuridad, como un laberinto con la puerta abierta. 


sábado, 23 de enero de 2016

LA CASA DE LA LLAVE

Nos gustan las imágenes, los símbolos y las metáforas. Por eso, nos enganchamos a la idea del iceberg en este sábado de enero. Porque hoy recitamos dos poemas escritos desde la sensibilidad de quien trabaja con mujeres, pero no con mujeres cualesquiera, sino con esa parte de mujeres del ochenta por ciento sumergido del iceberg, las invisibilizadas, de las que no conocemos apenas nada porque no han muerto, porque sus asesinos no las han traído a la palestra minutos antes de suicidarse. 

Las mujeres de La casa de la llave pertenecen a ese porcentaje enorme de mujeres que día a día libran una batalla contra aquellos a quienes un día amaron y que dijeron amarlas; son mujeres de todas las edades, procedencias y fortalezas variables. Son invisibles excepto para los ojos de quienes están atentos, como los de Mada. Por eso, este sábado, para visibilizar y hacer emerger esa parte inmensa del iceberg, dos poemas de una amiga:



En pijama
con ojeras
ha tenido pesadillas
ha oído voces toda la noche
no puede desayunar
mira el reloj a cada momento
vaga por los pasillos
busca alguien con quien hablar
para repetirle otra vez más
lo que ya todas sabemos
que mañana tiene juicio
se decide la custodia
con quién vivirá su niña
es que puede que vaya él
es que puede que me vea
es que no quiero que me vea llorar
es que puede que no lo aguante

claro que lo aguantarás
dicen las otras
míranos
nosotras lo aguantamos
ve allí
di lo que tengas que decir
y vuelve pronto 

*        *        *

Si no fuera por mis hijos
qué hago yo en este mundo
ahora mismo me tiraría por el balcón
¿por qué dice balcón si tenemos ventanas?
me siento a su lado
en la cama llena de muñecos
recordándole todas las cosas que tiene
que es una persona única en el mundo
picándole la curiosidad para vivir
un poco más
vivir un poquito más
hasta que se le pase la crisis
hasta la cita con salud mental
hasta que suene la música

le digo que no se tire
que se haría daño
que se pondría todo perdido
que por favor no nos haga bajar a limpiar la calle
entonces sonríe
yo me quedo más tranquila
y me doy cuenta
de lo asustada que he estado.


(Óscar)
Mada Alderete (1959). Cuando, desde mi sensibilidad masculina, yo aún no sabía casi nada de esa parte sumergida del iceberg, su libro La casa de la llave fue mi rito de iniciación en la violencia contra las mujeres a través de la poesía. Con él brotó en mí una conciencia más profunda, tocó una cuerda en mi interior que desde entonces no ha dejado de resonar. Fue una voz que dio voz a otras que no la tenían, que estaban silenciadas por el miedo, el dolor y la rabia. Conozco a Mada desde hace años. Amiga admirada, cercana y sincera. Hacen falta muchas voces como ella, personas sensibles que sepan lo que es el dolor y se hayan atrevido a tender una mano abierta y llevar la palabra a mujeres maltratadas. Personas, por ejemplo, como Patricia. 


(Patricia)
A Mada yo aún no la conozco, pero es como si la sintiera ya parte de mi propia vida. Compartimos muchas cosas sin que lo sepamos ninguna de las dos. Ambas hemos colaborado en casas de acogida y nos ha movido la sensibilidad por las mujeres que han sufrido de un modo u otro el maltrato por razones de sexo. Recitar uno de sus poemas es tender un hilo a nuestras historias y acercar a los lectores y oyentes la realidad que nosotras hemos conocido y que denunciamos en esta búsqueda incesante por hacer un mundo mejor. Un mundo donde Madas, Óscars o Patricias no dejen de rebelarse contra las injusticias.




sábado, 19 de diciembre de 2015

NO QUEDABA NADIE MÁS



Guardar silencio. Aceptar la realidad tal cual es. Bajar la cabeza. Callarse. No protestar. 
Si escogemos la opción fácil, los brazos cruzados y la comodidad del pensamiento dirigido, quizá no quede nadie para protestar cuando vengan a por nosotros. 
Contra el silencio y la indiferencia: habla, protesta, vota. 


Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio:
yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio:
yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté:
yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté:
yo no era judío.

Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí,
no quedaba nadie más
que pudiera protestar.


Martin Niemöller (1892-1984), pastor protestante, empezó apoyando a los nazis y terminó en Dachau por protestar contra la libertad de culto y expresión. En 1946, al recuperar su puesto en la iglesia, pronunció un sermón del que sale este poema, erróneamente atribuido a Bertolt Brecht.


Charlotte Salomon (1917-1943)
"Los nazis desfilan al son del Horst-Wessel"