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jueves, 12 de octubre de 2017

EL SUEÑO

Hemos sacado este poema de un libro que acaba de publicarse en español. Se trata de Clásicos para la vida, y su autor, Nuccio Ordine, habla de estos versos con asombro, pues mientras que la mayoría de poemas de amor de la época (y de todas las épocas, en realidad) se basan en la desesperación por la imposibilidad de alcanzar a la amada, en este la amada está cerca, al alcance de los dedos, ambos listos para dejar por un momento de soñar y entregarse a lo picante de la realidad. 


Amor, querido amor, sólo por ti
habría interrumpido este sueño feliz;
se trataba de un tema propio de la razón,
demasiado picante para la fantasía,
así que sabia fuiste al despertarme; pero
no truncaste mi sueño, pues lo continuaste;
resultas tan auténtica que pensar en ti basta
para hacer de los sueños verdades, e historia de las fábulas;
ven a estos brazos, ya que tú mejor creíste
que no soñara yo todo mi sueño, el resto hagámoslo. 




John Donne (1572-1631) es quizá, junto a Shakespeare, el poeta inglés más importante de su generación. Su obra es de carácter metafísico, ocupó diversos puestos políticos y religiosos a lo largo de su vida y sus poemas circularon en versiones manuscritas entre sus amigos y conocidos, pero no se publicaron en forma de libro hasta después de su muerte en la edición preparada por su hijo John en 1633. 

sábado, 19 de agosto de 2017

YO ME LEVANTARA, MADRE...

Nos gusta el Romancero viejo porque nos evoca la tradición popular de la Edad Media, y hace que nos imagemos a sus protagonistas como héroes cuya leyenda supera su propia vida, hermosas doncellas enamoradas de su caballero: en definitiva, personajes de cuento. Además, su ritmo perdura en nuestra memoria como la musiquilla infantil con la que hemos querido acompañar estos versos. 



Yo me levantara, madre,
mañanica de San Juan,
vide estar una doncella,
ribericas de la mar.
Sola lava y sola tuerce,
sola tiende en un rosal;
mientras los paños se enjugan
dice la niña un cantar:
Do los mis amores, do los,
¿dónde los iré a buscar?
Mar abajo, mar arriba,
diciendo iba un cantar,
peine de oro en las sus manos
y sus cabellos peinar:
dígasme tú, el marinero,
que Dios te guarde de mal,
si los viste a mis amores,
si los viste allá pasar. 




La creación del Romancero es una de las grandes conquistas de la literatura en España. Transmitidos de generación en generación por vía oral, estos breves poemas épicos y líricos, cuyo origen se remonta a los antiguos cantares de gesta, encontraron su redacción escrita y con ella su supervivencia en todos los dominios del ámbito hispánico, de forma que influyeron en gran parte de la poesía posterior. 


domingo, 2 de julio de 2017

YO, TÚ, NOSOTROS

Hace dos años, unos días antes de un viaje a Perú que me cambiaría la vida, comenzó un viaje interior que nos la cambió a Óscar a mí: nació un proyecto poético-musical creado exclusivamente por él. Ese proyecto consistía en tocar una improvisación y acompañarla al piano durante cada uno de los días que yo estuviera fuera, luchando con miedos internos y tratando de encontrar algo de sentido a la pobreza y la naturaleza humana en todos sus recovecos. 

Cada uno de los treinta y tres días que estuve fuera, Óscar escribió para mí un poema y una pequeña pieza musical. La del día del poema publicado hoy aquí está inspirada en aquella que sonó a miles de kilómetros de distancia un día de verano de 2015.

He elegido de entre todos esos poemas este (que pertenece al día 28) porque resume en una pequeña estrofa de tres versos, la esencia de lo que es una relación de pareja: un privilegio. Apostamos por un y nos dejamos caer desde nuestro yo por el "precipicio de la propia desnudez" y es en el nosotros donde regresamos de vuelta del exilio y entendemos, con sencillez, el verdadero significado de la palabra privilegio.



Escribir sobre sí mismo es transformarse en palabras
es luchar contra la inconsistencia del lenguaje
para dejar una huella honesta que perdure

decir yo es convertirse en otra cosa, un pronombre
dos letras diminutas caminando por el precipicio
de su propia desnudez

decir tú es una apuesta, el vuelo de una carta
lanzada al aire mientras cruzo los dedos
deseando que aparezcas

decir nosotros
decir nosotros es darle la vuelta a las costuras del amor 
y descubrir que del revés puede ser todavía más bonito

decir nosotros es como volver de un exilio
hacerse cargo de nuevo de una nacionalidad y de una lengua
de un hogar donde las palabras recobradas se vuelven hogueras

decir nosotros 
es sencillamente
un privilegio. 




Óscar es la mitad musical de este proyecto. Sus dedos están detrás de la música de piano que acompaña cada poema. Su pasión por la poesía no sólo viene de leerla: desde hace años también la escribe. Y aquí tenéis una muestra. 


domingo, 11 de junio de 2017

DAME TU MANO

Nos movemos en distancias volubles. Elásticas. A veces el mar nos rodea y su oleaje nos deja a la deriva, indefensos y aislados, chapoteando en una soledad no buscada sin manos tendidas. Es entonces cuando más necesitamos acercarnos a una presencia querida, una memoria, encontrar, en medio de la inmensidad del agua, nuestro pedacito de tierra. 


"Hoy me gusta la vida mucho menos
pero siempre me gusta vivir".
César Vallejo

Dame tu mano
amor
no dejes que me hunda
en la tristeza.
Ya mi cuerpo aprendió
el dolor de tu ausencia
y a pesar de los golpes
quiere seguir viviendo.
No te alejes
amor
encuéntrame en el sueño
defiende tu memoria
mi memoria de ti
que no quiero extraviar.
Somos la voz
y el eco
el espejo
y el rostro
dame tu mano
espera
debo ajustar mi tiempo
hasta alcanzarte.



Claribel Alegría (1924) es una poeta nicaragüense. En los años cuarenta estudió con Juan Ramón Jiménez en Estados Unidos, país donde vivió hasta los años ochenta. Regresó a Nicaragua en los años de la revolución sandinista y en su poesía se refleja su compromiso social y su denuncia de la represión política de Centroamérica en esos años. Hace unas semanas recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana al conjunto de su obra. 


sábado, 6 de mayo de 2017

8-1-2013 ("Me gustan estos atardeceres de enero...")

Este poema nos sabe a vacaciones. A una brisa marina del sur que no sabe nada de los rigores helados del invierno y acaricia igual en enero que en julio. Al rumor de las olas rompiendo con calma contra el malecón y al placer de contemplar los reflejos del sol en el mar y pensar, por ejemplo, que es un camino interminable sembrado de luciérnagas por el que nos gustaría pasear. Y ya estamos ahí. En la calma de una imagen, una puesta de sol en compañía y la calidez de dejarse mecer por la paz del corazón. 

Me gustan estos atardeceres de enero
en los que el sol
cae verticalmente sobre nuestro mar,
y luego se hunde, lento, diáfano,
entretenido en una caricia infinita,
como si la línea del horizonte

fuese la delicada piel del mundo,
la adormecida amante del universo. 
Cuando esto ocurre los minutos
se despliegan como horas,
y las horas como siglos,
y una calma absoluta
se apodera con majestad de la tierra,
y se hace posible,
milagrosamente posible,
la paz del corazón. 




Rafael Argullol (1949), novelista, profesor, periodista y poeta, se propuso en 2011 un ejercicio vital: escribir un fragmento poético al día durante tres años. Y así fue construyendo este libro, día a día, capturando instantes, impresiones, ideas sueltas, como reflejos de una forma de pensar y de vivir. 


sábado, 1 de abril de 2017

SONETO XXV

Es fácil imaginarse al cortesano Pierre de Ronsard, sentado a su mesa, dejándose inflamar por palabras de amor. Palabras que convierten ojos en antorchas, deseos en cárceles y miradas en espuelas. Y es fácil, también, imaginar el efecto que podían provocar estas palabras en sus destinatarias: fuego, suspiros y fortalezas rendidas. El amor es una guerra que Ronsard no siempre ganaba. Pero sin duda sus palabras entraron victoriosas en más de un castillo considerado inexpugnable. 




Esos dos ojos negros, antorchas de mi vida,
cuya luz esparcida que a los míos destella,
esclavizado han mi libertad doncella.
Condenada la tienen y a cárcel sometida. 

Por esos ojos negros mi razón va aprehendida
y cual fuere el lugar en que el Amor me sella
no puedo hallar en torno una mira más bella,
pues no tengo otro bien ni cosa apetecida.

Es la única espuela que mi dueño me hinca;
ni otro pensamiento en mi mente se afinca 
ni se inflama mi musa en ninguna otra lumbre.

No me acierta la mano con ninguna palabra
ni el papel en que escribo ningún ornato labra
sino esas dos bellezas que en mi alma son costumbre. 


(Traducción de María Teresa Gallego Urrutia)





Pierre de Ronsard (1524-1585), conocido en su época como "príncipe de los poetas y poeta de los príncipes" fue, junto a su amigo Joachim du Bellay, el poeta más influyente del Renacimiento francés. Debido a su sordera tuvo que renunciar a la carrera militar y dedicó su juventud a viajar por toda Europa como cortesano de los sucesivos príncipes franceses. Su poesía bebe de la tradición helenística y de Petrarca, con el amor cortés siempre como tema favorito. 


sábado, 18 de marzo de 2017

SU VOZ

No sabemos nada de este poema. El título, Her voice, alude a una voz femenina, una mujer a la que el poeta amó y de la que ahora se despide, sin nada por lo que lamentarse. Quizá fuera su mujer, Constance Lloyd, la madre de sus dos hijos, por la que sintió un amor sincero. Quizá con este poema le dijera que su pasión había tomado otros caminos. Y que ojalá el mundo fuera más comprensivo y lo suficientemente grande para que todas las formas de amar pudieran convivir sin anularse. Quizá.




Las abejas salvajes revolotean de rama en rama
con su abrigo de piel y alas transparentes
del pétalo del lirio al jacinto balanceándose a su alrededor,
más cerca estaba el amor,

fue aquí, creo, donde hice aquel voto,
juré que dos vidas deberían ser una 
mientras las gaviotas amaran el mar,
mientras los girasoles buscaran el sol,

será así entre tú y yo, dije, para siempre,
querida amiga,
aquellos tiempos pasaron y se fueron,
la red del amor se ha dado la vuelta,

mira hacia arriba,
donde los álamos bailan y bailan con el viento del verano,
aquí, en el valle, la brisa nunca dispersa las flores
pero allí los vientos fuertes soplan
desde el intenso susurro de las aguas misteriosas
y las olas que golpean las praderas,

mira hacia arriba, 
donde grita la gaviota blanca,
¿qué ve ella que no vemos nosotros?
¿es una estrella?
¿o la lámpara que brilla en algún buque perdido?

Ah, puede ser,
hemos vivido nuestras vidas en una tierra de sueños
y qué triste parece,
amor, no queda nada que decir salvo esto,
el amor nunca se pierde,
el filo del invierno desgarra el pecho de mayo
cuyas rosas rojas brotan en la escarcha,
los barcos de la tempestad encontrarán puerto en alguna bahía
igual que nosotros,

y no queda nada que hacer,
salvo besarnos una vez más y marcharnos,
no, no hay nada por lo que lamentarse,
yo tengo la belleza y tú el arte,
no, detenlo,
un único mundo no fue suficiente
para alguien como tú y como yo.

(Traducción de Elvira Sastre)




Oscar Wilde (1854-1900), quizá el escritor más agudo y deslumbrante de su generación, fue una celebridad. Sus obras de teatro se han convertido en clásicos vivos y sus ensayos sobre teoría del arte no han perdido nada de su sugestión y vigencia. Conocido por su ingenio mordaz, su vestir extravagante y su brillante conversación, se convirtió en una de las mayores personalidades de su tiempo. Fue juzgado por indecencia al demostrarse en un juicio su homosexualidad, pasó dos años en la cárcel, donde escribió De Profundis, una de las cartas de amor más desgarradoras de la literatura universal y murió en París, en la indigencia, tras haber sido el mayor genio de las letras de su país.



sábado, 4 de febrero de 2017

EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA (SONETO)

Hace falta algo de locura para amar abiertamente a la luz del día. Amar siendo conocido por las calles, en los círculos y la prensa. Amar con el desparpajo y la alegría de quien siempre fue el alma de todas las fiestas. Hace falta algo de locura para ser un hombre y amar a otro hombre pese a las malas miradas, a los desprecios y a las amenazas. Hace falta algo de locura para desafiar a la muerte de esta forma, locura hambrienta de palabras para alimentar un amor que se resiste a ser prohibido. 



Amor de mis entrañas, viva muerte, 
en vano espero tu palabra escrita 
y pienso, con la flor que se marchita, 
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte 
ni conoce la sombra ni la evita. 
Corazón interior no necesita 
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas, 
tigre y paloma, sobre tu cintura 
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura 
o déjame vivir en mi serena 
noche del alma para siempre oscura.






Federico García Lorca (1898-1936) es quizá el poeta y dramaturgo español más universal. Su talento artístico era tal que deslumbraba a quien le conocía, quedando inmediatamente rendido ante su magnetismo y personalidad. Se atrevió con el surrealismo, con el localismo, y a través de temas propios de la España más cerrada y profunda logró alcanzar una universalidad quizá nunca superada. Murió asesinado al inicio de la Guerra Civil por aquellos que no valoraban el arte ni la vida, por aquellos viles ignorantes que hicieron del desprecio por lo que desconocían su norma, y que después asolaron la cultura y la libertad de todo un país durante décadas. 


sábado, 21 de enero de 2017

SONETO LXXXIII

Dormir mecidos por el balanceo de una barca, acogidos por el calor de un hogar que en la cama se vuelve un mundo completo. Descansar abandonados, escuchando la respiración compartida, un latido que al unirse con el otro forma un ritmo sencillo e íntimo, parecido al de las olas de un mar en calma deslizándose por la arena. Tenemos el privilegio de compartir noches y hogares donde sentirnos cerca. Un tercio de nuestros días, protegidos por la calidez nocturna. Y algo de eso se ve cuando, de día, caminamos por las calles y disfrutamos del sol gracias a la noche y el "sello de su sombra". 



Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche,
invisible en tu sueño, seriamente nocturna,
mientras yo desenredo mis preocupaciones
como si fueran redes confundidas.

Ausente, por los sueños tu corazón navega,
pero tu cuerpo así abandonado respira
buscándome sin verme, completando mi sueño
como una planta que se duplica en la sombra.

Erguida, serás otra que vivirá mañana,
pero de las fronteras perdidas en la noche,
de este ser y no ser en que nos encontramos

algo queda acercándonos en la luz de la vida
como si el sello de la sombra señalara
con fuego sus secretas criaturas.






Pablo Neruda (1904-1973) es el gran poeta del surrealismo, del compromiso político y del amor en castellano. Su obra no puede desligarse de su vida, porque vivió fundamentalmente para cubrir tres pasiones: la política, la poesía y el amor, y por eso las tres se entrelazan en sus poemarios dándonos una visión romántica y apasionada de un genio de las letras en español. Para todo el mundo hispanohablante, Neruda es un referente de poeta comprometido con el pueblo y su lucha. Su obra poética le valió el Premio Nobel de Literatura en 1945. 

sábado, 3 de diciembre de 2016

VARIOS SEGUNDOS AL DÍA

Llevamos dentro todas nuestras edades. Nuestra infancia cuando nos hacen cosquillas o al comer nuestro helado favorito, la adolescencia cuando nos enfadamos con los padres o nos juramos amistad eterna, juventud cuando salimos con amigos, madurez cuando somos felices con poco y superamos catástrofes con entereza, vejez cuando logramos distanciarnos de la inmediatez de las cosas y brilla en nuestras palabras un atisbo de sabiduría. Somos lo que hemos sido y parte de lo que algún día seremos. Y todo ello vive ahí, mezclado en nuestros gestos y en los poemas que compartimos. Como éste. 



Varios segundos al día
por tus ojos cruza un niño

te ríes con la insolencia 
de los diecisiete años

cuando te tumbas escucho
el crujir de tu esqueleto

esta tarea me impongo: 
estar atenta a tus edades
para vivir lo que no me permite
la lógica ley del tiempo.





Ana Pérez Cañamares (1968) ha publicado seis poemarios, un libro de aforismos y otro de relatos. El título de su último libro (De regreso a nosotros), al que pertenece nuestro poema de hoy, proviene de una frase de Saint-Exupéry que define muy bien el contenido de los poemas: "Tal vez el amor sea el proceso por el cual yo te conduzca delicadamente de regreso a ti mismo". 



sábado, 5 de noviembre de 2016

SONETO QUE CONTIENE UNA FANTASÍA CONTENTA CON AMOR DECENTE

Habrá quien lea sonetos como este y los sienta serios y trascendentes, traspasados por esa dignidad añeja que dan las cosas escritas hace unos cuantos siglos y de obligada lectura y enseñanza. Sin embargo, nosotros leemos a nuestra querida Juana y, por muy sor que se nos presente, la escuchamos burlarse con una agudeza irresistible de esos amores lisonjeros que mucho prometen y poco dan, la escuchamos con música alegre, un poco rumbosa, decirle a esa ilusión que qué más da lo que haga o deje de hacer: ella solita se basta y se sobra para imaginar amor y vivir de su fantasía. 





Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias atractivo
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero,
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes satisfecho
de que triunfa de mí tu tiranía;
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.





Juana Inés de la Cruz (1651-1695), recibe el tratamiento de "sor" porque quiso la fortuna –ella misma y su inteligencia– entrar en una orden monástica para seguir instruyéndose. Es el ejemplo más famoso y universal de una brillantísima mente femenina que aceptó el rol de monja para evitar el lugar y los roles que le habría tocado vivir en la sociedad de su momento –el cuidado de la familia y la crianza de los niños–. La Iglesia acogió así a una de las mejores poetas en lengua castellana de todos los tiempos y nos regaló la suerte de haber conservado sus textos, sin los cuales la historia de la mujer y la historia cultural mexicana se entenderían probablemente de otra manera, menos rica, menos completa, menos romántica.



sábado, 17 de septiembre de 2016

LOPE. LA NOCHE. MARTA

Cada noche abrimos o cerramos la ventana. Vivir es abrir y cerrar ventanas constantemente. Este poema es una ventana. Una ventana a los últimos días de la vida de Lope de Vega, dramaturgo y poeta aurisecular que nos ha gustado siempre por su obra y por su vida y al que apreciamos especialmente desde que leímos este poema. Fue un profesor de Literatura medieval quien nos lo hizo leer en clase. Y no se puede borrar de la memoria literaria su último verso. 
No podemos ni queremos olvidarlo porque todo el poema es un canto de amor maravilloso y su colofón resulta antológico por la sinestesia, por su intensidad y por la empatía del autor con este Lope anciano y enamorado, en un amor sosegado y casi eterno.




He abierto la ventana. Entra sin hacer ruido
(afuera deja sus constelaciones).
«Buenas noches, Noche».
Pasa las páginas de sombra
en las que todo está ya escrito.
Viene a pedirme cuentas.

«Salí al rayar el alba —digo—.
Lamía el sol las paredes leprosas.
Olía a vino, a miel, a jara»
(Deslumbrada por tanta claridad
ha entornado los ojos).
La llevan mis palabras por calles, ascuas, no lo sé:
oye la plata de las campanadas.
Ante la puerta de la iglesia
me callo, me detengo —entraría conmigo
si yo no me callase, si no me detuviera—;
yo sé bien lo que quiere la Noche;
lo de todas las noches;
si no, por qué habría venido.

Ya mi memoria no es lo que era. En la misa del alba
no dije Agnus Dei qui tollis peccata mundi,
sino que dije Marta Dei (ella es también cordero de Dios
que quita mis pecados del mundo).
La Noche no podría comprenderlo,
y qué decirle, y cómo, para que lo entendiese.

No me pregunta nada la Noche,
no me pregunta nada. Ella lo sabe todo
antes que yo lo diga, antes que yo lo sepa.
Ella ha oído esos versos
que se escupen de boca en boca, versos
de un malaleche del Andalucía
—al que otro malaleche de solar montañés
llamara «capellán del rey de bastos»—
en los que hace mofa de mí y de Marta,
amor mío, resumen de todos mis amores:
Dicho me han por una carta
que es tu cómica persona
sobre los manteles, mona
y entre las sábanas, Marta.
qué sabrá ese tahúr, ese amargado
lo que es amor.
La Noche trae entre los pliegues de su toga
un polvillo de música, como el del ala de la mariposa.
Una música hilada en la vihuela
del maestro del danzar, nuestro vecino.
En la cocina la estará escuchando Marta;
danzará, mientras barre el suelo que no ve,
manchado de ceniza, de aroma, de trigo candeal,
de jazmines, de estrellas, de papeles rompidos.
Danza y barre Marta.

Pido a la Noche que se vaya. Hasta mañana. Noche.
Déjame que descanse. Cuando amanezca regaré el jardín,
saldré después a decir misa
Deus meus, Deus meus, quare tristis est anima mea
luego volveré a casa, terminaré una epístola en tercetos,
escribiré unas hojas

de la comedia que encargaron unos representantes.
Que las cosas no marchan bien en el teatro,
y uno no puede dormirse en los laureles.

Hasta mañana, Noche.
Tengo que dar la cena a Marta,
asearla, peinarla (ella no vive ya en el mundo nuestro),
cuidar que no alborote mis papeles,
que no apuñale las paredes con mis plumas
—mis bien cortadas plumas—,
tengo que confesarla. «Padre, vivo en pecado»
(no sabe que el pecado es de los dos),
y dirá luego: «Lope, quiero morirme»
(y qué sucedería si yo muriese antes que ella).
Ego te absolvo.

Y luego, sosegada, le contaré, para dormirla,
aventuras de olas, de galeones, de arcabuces, de rumbos marinos,
de lugares vividos y soñados: de lo que fue
y que no fue y que pudo ser mi vida.

Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar.




Desde los 17 a los 22 años, José Hierro (1922-2002) estuvo preso en una cárcel franquista. Le acusaban de intentar proteger a presos políticos, entre otros, a su padre. No es de extrañar que su primera poesía ahondara en el desarraigo y la crisis existencial. 
Tenía la costumbre de no escribir nunca en su casa. Quizá porque pensaba que los libros buenos se escriben fuera del hogar, como escribió los primeros. Y así, siempre se le podía encontrar en los cafés y terrazas, con la mesa llena de papeles, esbozando sus poemas. 
Recibió numerosos premios y hoy los institutos y centros culturales con su nombre proliferan como la buena hierba. 


sábado, 27 de agosto de 2016

SÓLO TÚ

Este libro nos lo descubrió Javier, el afinador que desde hace dieciséis años se ocupa de la salud y el buen ánimo de nuestro piano. Los versos de este autor son sencillos, claros como las palabras que buscan en lo cotidiano su sentido y su fuerza. Son prudentes y delicados, a veces encierran un mundo cuyo entramado se nos escapa. Y un poco así es Javier, también. Un mago de los mecanismos que hacen que un instrumento suene bello y preciso y no pierda nunca su propia voz, en medio de tantas otras. 



Debe de estar muy lejos el mar, o tal vez
ya no hay mar y la palabra es sólo una
argucia. Tantas palabras han perdido
su peso y su grosor, que no me atrevo a cerrar
los puños con la fuerza de antes, por miedo
a sentir todo un mundo que se desmenuza.
Debe de estar muy lejos el mar, y aquella casa
que siempre he imaginado bajo la lluvia
y la gente a la que no veo. Debe de estar muy lejos
la gente a la que nunca veo, o tal vez
han muerto y yo no lo sé y los pienso
inútilmente vivos. Deben de estar lejos
los árboles y los pájaros, el río, la espada
que corta el viento y el barro de las roderas.
y sólo tú estás próxima y te siento,
inmóvil y expectante, justo detrás
de tantas puertas que ningún pestillo cierra.




Miquel Martí i Pol (1929-2003) ríe. Ríe en casi todas las fotos que aparecen en internet nada más buscar su nombre. No sabemos qué carácter tenía, pero así de pronto diríamos que era divertido, guasón, alegre, ocurrente y que su carcajada es la de los veinte años: despreocupada y sin filtros. Poeta y traductor, fue de los escritores más populares del siglo XX en lengua catalana y su poesía (y su risa) sigue llegándonos hoy en día como si no hubiera pasado el tiempo. 


sábado, 30 de julio de 2016

SEGUIMOS VIVOS

Hace poco hicimos un viaje. Un viaje precioso por una tierra verde y rica que desborda cultura y naturaleza. Desconectados del mundo durante el día, nos despertábamos cada mañana con noticias de atentados, de muertos, de sangre. La misma Europa vieja y sabia se convulsionaba mientras nosotros nos dábamos la mano por sus calles llenas de gente. ¿Somos los únicos que vemos lo que tenemos delante? Este continente unido por siglos de historia, por una sensibilidad cultural y estética tan similar que hermana los pueblos de Lombardía con los de Kent en una misma fisonomía, no puede disgregarse en grupos de vecinos susceptibles y mal informados. Ni puede ceder al miedo que produce la violencia de quien no entiende que nos parecemos siempre mucho más de lo que nos diferenciamos. 

De la mano por esta Europa convulsa pensamos un poco como Elvira Sastre en este poema. Seguimos vivos, a pesar de las fronteras que intentan levantar con el miedo.
Seguimos vivos en un mundo lleno de vida. En pie. Y eso es lo que cuenta. 


El mundo se derrumba,
ya lo dijo Ilsa.

Sus límites hace tiempo que dejaron de ser unión
para convertirse en frontera,
el cielo perdió su azul
y la violencia llena ahora de gris la mirada
de quien osa mirar hacia arriba,
los golpes vienen de tantas direcciones
que el dolor ya casi no sorprende,
quienes se autoproclaman defensores del país
lo destruyen con cada palabra
-malditos aquellos que usan la palabra para engañar-.

Pero también es cierto
que millones de voces unidas
cantando lo mismo
suenan mejor que una mentira,
que una sonrisa de alguien a quien le han robado todo
vale mucho más que un billete en primera clase,
que no hay nada más poderoso
y bonito
que dos manos unidas en un terremoto.

Porque seguimos vivos,
de pie y todos juntos,
y eso les escuece.
Porque mientras ellos asesinan
surgen héroes que se atreven a plantarles cara
pese a que ellos les reciban con la mano abierta.
Pero la verdad es que tienen miedo
porque cuanto más aprietan la soga
menos manos les quedan para ahogarnos,
y llegará el día en el que se queden sin cuerda
y no tendrán quien les salve.

Que tiene más vida
el alma de quien no tiene nada
porque se lo han quitado
que el alma de quien tiene todo
porque lo ha robado.
Y al final de eso se trata,
de estar vivo.

"Porque el mundo se derrumba
pero nosotros nos enamoramos".




Elvira Sastre (1992) es una de las responsables del boom de la poesía en España y Latinoamérica en los últimos años. Siguiendo su estela, muchos poetas jóvenes (la mayoría de menos de 25 años) han publicado libros que han vendido miles de ejemplares y han acercado la creación poética a una generación que se ha adentrado en su vida adulta con una sensibilidad distinta. El amor, la injusticia social, la rebeldía como forma de buscar la propia identidad, son sus temas favoritos. Y sus poemas tienen la virtud de conectar con el lector a muchos niveles, con una cita, un verso, una imagen, como siempre han hecho los mejores cantautores, a pie de emoción. 


sábado, 23 de julio de 2016

QUÉ ALEGRÍA, VIVIR


Decir que nos apasiona Pedro Salinas no es ninguna novedad. De hecho, cuando nos conocimos, en la primera conversación que compartimos apareció su nombre, a quien nos ligamos, como a su poesía, en nuestro vivir diario. Porque cuando se trata de la poesía de Salinas, el verbo vivir se coloca en el centro y a su alrededor de van desarrollando las palabras y los versos que le dan más vida.

¡Qué amor tan grande el que sintió Pedro Salinas por Catherine Whitmore! Un amor tan enorme que entendía su propia vida a través de la de ella. Con la vida de ella, él vivía. Es difícil llegar a sentir un vínculo tan fuerte por alguien como para decir que "otro ser, fuera de mí, muy lejos, me está viviendo". Y Salinas lo decía. Usaba la poesía para declarar su amor y con ella creó un lenguaje nuevo y especial para sus lectores, que en realidad era su lectora. Ese lenguaje que a nosotros nos encanta y que compartimos con vosotros un sábado más.



Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
azogues, almas cortas, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad trasvisible es que camino sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo. 

Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida —¡qué transporte ya!—, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.





Pedro Salinas (1891-1951) fue uno de los poetas más reconocidos de la Generación del 27. Al igual que todos ellos pasó por varias etapas líricas, desde la poesía pura y las vanguardias hasta su poesía del exilio. Entre medias, lo que se llama su "poesía de plenitud", alcanzada con sus maravillosos poemarios de amor La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento.


sábado, 9 de julio de 2016

EXISTÍAN TUS MANOS

Las relaciones íntimas se construyen con paisajes y momentos. Una tarde en la playa, una comida en un restaurante bonito, un viaje relámpago a un sueño. Paisajes y momentos que se convierten en símbolos a los que volvemos continuamente para revivir aquello que nos hizo felices y que tejen aquello que llamamos complicidad. Nosotros somos cómplices en muchas cosas. Nos comunicamos sin hablar de formas que quizá ni siquiera seríamos capaces de definir. Formas misteriosas, como los infrasonidos de las ballenas, tan llenos de significado. Una de ellas es la poesía. Otra, las manos que se abren y se tienden. Y en este poema de Gamoneda encontramos las dos.



Existían tus manos.

Un día el mundo se quedó en silencio; 
los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos 
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel 
el movimiento de la tierra.

Tus manos fueron suaves en las mías 
y yo sentí la gravedad y la luz 
y que vivías en mi corazón.

Todo era verdad bajo los árboles, 
todo era verdad. Yo comprendía 
todas las cosas como se comprende 
un fruto con la boca, una luz con los ojos.






Antonio Gamoneda (1931) fue al colegio poco y mal. Su infancia estuvo marcada por la guerra civil y la ausencia de su padre. Pasó la dictadura participando en la resistencia cultural al franquismo, desde su puesto de empleado de banca, y poco a poco se labró una condición de poeta de culto, presente y citado en numerosos espacios culturales pero siempre alejado de los focos (si es que los poetas reciben focos), introspectivo y silencioso como su poesía. 



sábado, 14 de mayo de 2016

A NO SER EN TUS MANOS

Hay caricias, miradas, gestos que duran apenas un segundo y que, a pesar de su brevedad (o quizá gracias a ella), se quedan flotando mucho tiempo en la memoria. Construyéndose. Multiplicándose. Este poema breve nos ha dejado así, con su fogonazo y su eco, y una sonrisa entre las manos abiertas que nos habla de paz. 


A NO SER EN TUS MANOS

A no ser en tus manos,
donde mejor me encuentro es en el mar,
allí empiezo a leer hojas a los peces
-en el bosque leo peces a las hojas-,
en las hojas del nogal he aprendido.
En los ojos de los hombres nada veo,
a veces les cuelga una lista de muertos
de las sucias pestañas.

Por eso retorno a tus manos,
que siempre me ofrecen un mendrugo de paz.






Gloria Fuertes (1917-1998) es una poeta irónica y sencilla, amante de lo breve y lo cotidiano, de los juegos de palabras y de los caminos que llevan directos a la emoción que quiere despertar. Es una maestra de la literatura infantil (a menudo su nombre es el primero que les viene a la cabeza a los niños cuando piensan en mujeres poetas) y dedicó buena parte de su vida a bajar la poesía de sus pedestales y sus elitistas metáforas para llevarla adonde la gente pudiera entenderla y tocarla, reírla y hacerla suya. Nosotros nos sentimos a gusto entre sus poemas. Son manos abiertas y hospitalarias. Como lo era ella. 



sábado, 16 de abril de 2016

LA DIFERENCIA

Antes y ahora, pasado y presente, dos mundos distintos separados por un acontecimiento que nos cambia la vida, que marca la diferencia en cada cosa que vivimos y modifica los recuerdos, dejando en una penumbra lejana aquello que una vez nos pareció lleno de inmediatez y de luz. 
Un acontecimiento hecho persona, una persona que ocupa tanto sitio que no necesita nombrarse: simplemente está ahí, en la cercanía de un abrazo, dando sentido a todo lo que carecía de él y haciéndonos mirar hacia delante, hacia las palabras que nos salvan, hacia un futuro donde vivir, con ella, siempre a salvo. 

El poema recitado con música

Antes, 
me hundía en unos brazos
que estropearon todos mis futuros.

Ahora, 
cuando me abrazan
no sé 
ni siquiera
si han existido mis pasados.

Antes,
me pidieron perdón perdonándome,
y yo besé la culpa
como si siempre hubiese sido mía. 

Ahora me besan
como si se disculpasen
por todas las veces que no lo han hecho antes.

Antes, 
estar lejos
era oír chillar a todos mis miedos
desde la almohada.

Ahora,
mis miedos duermen agazapados
debajo de mi cama
y me arropan si me destapo.

Antes,
la felicidad era querer a alguien
que doliese tanto.

Ahora nada duele,
y quien motiva mi risa
tiene en los ojos
un verano repleto de lunas llenas.

Antes dejé de escribir
porque me cansé de contar desastres.

Ahora, 
no sé por qué
ni cómo lo hace,
pero lo único que quiero
es contar estrellas fugaces desde su coche
todas las noches de agosto.

Antes
no podía dejar de jugarme el cuello,
y cada vez que perdía la cabeza
moría dos veces por dentro. 

Ahora juego, 
más y mejor que antes,
pero me siento a salvo.



Hace unos días, Andrea Valbuena (1992) publicó su primer libro de poesía: Mágoa. "Mágoa", en portugués y en galego, significa pena, daño, un sentimiento de dolor que, como dice la autora en la contraportada de su libro, "deja secuelas visibles en los gestos y la expresión facial". Sin embargo, al leer los poemas, tenemos la impresión de que han superado ese daño, como si hubieran tomado toda esa "mágoa" y la hubieran convertido en lucidez y sensibilidad, en una mirada clara y sonriente hacia el futuro. No sabemos qué clase de sabiduría se necesita para dar esquinazo a la "mágoa". Pero este librito tiene mucha. Tendremos que preguntarle a Andrea. 


sábado, 12 de marzo de 2016

BESOS


Nos gusta besar(nos). Si hiciéramos un recuento de los besos que nos damos cada día, no daríamos abasto. El beso es un gesto de cariño, de delicadeza, de cercanía y de amor. Hay que reivindicar el beso como fuente de energía, como fuente de luz, de calidez y de belleza. Besar es uno de los actos más fascinantes que existen. ¡¡Y es gratis!!

Y también nos gustan las poetas. También reivindicamos la poesía escrita por mujeres y más si son de la calidad literaria de Gabriela Mistral.
Lo mejor es cuando se combinan besos y poetas. Es la forma más sencilla de hacer nuestros sábados un lugar perfecto en el que quedarse a vivir (al menos unas horas).



BESOS

Hay besos que pronuncian por sí solos 
la sentencia de amor condenatoria, 
hay besos que se dan con la mirada 
hay besos que se dan con la memoria. 

Hay besos silenciosos, besos nobles 
hay besos enigmáticos, sinceros 
hay besos que se dan sólo las almas 
hay besos por prohibidos, verdaderos. 

Hay besos que calcinan y que hieren, 
hay besos que arrebatan los sentidos, 
hay besos misteriosos que han dejado 
mil sueños errantes y perdidos. 

Hay besos problemáticos que encierran 
una clave que nadie ha descifrado, 
hay besos que engendran la tragedia 
cuantas rosas en broche han deshojado. 

Hay besos perfumados, besos tibios 
que palpitan en íntimos anhelos, 
hay besos que en los labios dejan huellas 
como un campo de sol entre dos hielos. 

Hay besos que parecen azucenas 
por sublimes, ingenuos y por puros, 
hay besos traicioneros y cobardes, 
hay besos maldecidos y perjuros. 

Hay besos que producen desvaríos 
de amorosa pasión ardiente y loca, 
tú los conoces bien, son besos míos 
inventados por mí, para tu boca. 

Besos de llama que en rastro impreso 
llevan los surcos de un amor vedado, 
besos de tempestad, salvajes besos 
que solo nuestros labios han probado. 

¿Te acuerdas del primero...? Indefinible; 
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos 
y en los espasmos de emoción terrible, 
llenáronse de lágrimas tus ojos. 

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso 
te vi celoso imaginando agravios, 
te suspendí en mis brazos... vibró un beso, 
y qué viste después...? Sangre en mis labios. 

Yo te enseñé a besar: los besos fríos 
son de impasible corazón de roca, 
yo te enseñé a besar con besos míos 
inventados por mí, para tu boca.



Siempre se la ve sonriendo, a Gabriela Mistral (1889-1957). Busco fotos en internet y me la encuentro en casi todas así, con una sonrisa abierta, medio guasona, como si se estuviera riendo de algún chiste o planeando alguna travesura ingeniosa. Poeta chilena, diplomática en la Sociedad de Naciones en los años veinte, siempre entrando y saliendo de su país, donde era una figura pública conocidísima, Gabriela Mistral fue la primera mujer latinoamericana en obtener el premio Nobel de literatura (1945). La Academia Sueca destacó que, a través de una literatura de las emociones, su obra reflejaba como ninguna "las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano". Nada más y nada menos.

Joven de verde, Tamara de Lempicka (1898.1980)



sábado, 13 de febrero de 2016

PRONOMBRES

Uno de los verbos que más se repiten en los poemas de La voz a ti debida es vivir. Vivir en un mundo que merece ser vivido, vivir para disfrutarlo, para hacerlo nuestro y para cambiarlo. Vivir como sinónimo de amar, vivir a través de un sentimiento que transforma la existencia en algo nuevo y poderoso, y que a veces hace pensar que lo de antes no era vida. Vivir, también, en las palabras, en los pronombres, tú y yo, para volver a la esencia de lo que somos y desde la que vivimos, y amamos. Y vivir para compartir la pasión por la poesía y por la música, como hacemos en este blog, con una ilusión artesana por la belleza de las palabras. 

Nos gusta pensar que vivimos en los pronombres. Que un tú y un yo son suficientes para sentir el mundo en todo su esplendor. Y para darle un sentido. 
Acaban de reeditarse las cartas de amor que Pedro Salinas escribió a Katherine Whitmore. Razón de más para volver a sumergirse en los pronombres de uno de los mejores poetas del amor. 




Para vivir no quiero 
islas, palacios, torres. 
¡Qué alegría más alta: 
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes, 
las señas, los retratos; 
yo no te quiero así, 
disfrazada de otra, 
hija siempre de algo. 
Te quiero pura, libre, 
irreductible: tú. 
Sé que cuando te llame 
entre todas las gentes 
del mundo, 
sólo tú serás tú. 
Y cuando me preguntes 
quién es el que te llama, 
el que te quiere suya, 
enterraré los nombres, 
los rótulos, la historia. 
Iré rompiendo todo 
lo que encima me echaron 
desde antes de nacer. 
Y vuelto ya al anónimo 
eterno del desnudo, 
de la piedra, del mundo, 
te diré: 
«Yo te quiero, soy yo».


La obra de Pedro Salinas estuvo marcada por la relación que tuvo con Katherine Whitmore, una profesora de español que conoció en los cursos de la Universidad Complutense y con quien mantuvo un romance prolongado durante años, marcado por la distancia y el exilio. Tres libros inspiró dicha vivencia: La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento, sin duda la cumbre de toda su obra. 

Donna Rossa (1918), Amadeo Modigliani (1884-1920)