sábado, 5 de agosto de 2017

AY, QUÉ PRONTO ESTÁ SOLO

Hay quien puede crear literatura en medio del ruido: con niños gritando alrededor o mecidos por el ruido interminable de las cafeterías o los aeropuertos. Sin embargo, para escribir, todos necesitamos estar solos con nuestros pensamientos, con la idea que perseguimos o con la Musa de la que habla Bettina von Arnim, aquella que nos devuelve nuestro amor embellecido. 


Ay, qué pronto está solo 
el hombre solitario;
los otros viven, aman
y a él le dejan su pena. 

En cambio, no está solo
el que se lanza al mundo,
pero ama y vive cosas
que nunca existirán. 

Mas quien se dio a la Musa
no rehúye estar solo,
presiente que ella lo ama
y desea ser amada,

que corona su copa 
y consagra sus penas
con dádiva tan cierta
que vuelve eterno todo;

le florece en el pecho 
la llama de la vida,
percibe en lo divino
el ser más terrenal. 





Bettina von Arnim (1785-1859) fue una de las escritoras alemanas más conocidas de la época del Romanticismo. De familia ilustrada, se casó con el poeta Achim von Arnim, con quien tuvo una relación poco acorde con las normas sociales de la época: a ella le encantaba el bullicio de la ciudad y a él, la tranquilidad del campo, así que ella vivía con sus hijos en el centro de Berlín y él a las afueras, y pasaban juntos las vacaciones de verano. Mantuvo una intensa correspondencia con Goethe (aunque él no siempre correspondiera a la calidez de sus cartas), y fue una activista apasionada en defensa de los derechos de las clases más desfavorecidas y, en especial, de las mujeres. 


sábado, 29 de julio de 2017

CARACOL

Conocimos la labor de Marta López Vilar con el libro (Tras)lúcidas, una antología de poesía escrita por mujeres en los últimos treinta años, mujeres que no habían tenido la visibilidad que su talento merecía y que la tradicional homogeneidad masculina en el panorama poético de nuestro país había relegado al silencio. Nos gustó la selección, nos gustó la idea y así, de forma natural, llegamos a los poemas propios de esta autora y nos quedamos con este.


Miro tu lentitud,
la traza de luz que abandonas a tu paso
como la savia derramada de los árboles.
Eres el pequeño dios de la sed
que atraviesa las hojas y la noche
en su infinito reposo.
Te observo sin heridas
y miro mis manos: sombras de nieve
que tocaron la muerte con tu mismo sigilo. 





Marta López Vilar (1978) es poeta, traductora y profesora de universidad.
Ha publicado tres poemarios y la antología de mujeres poetas contemporáneas (Tras)lúcidas.




sábado, 15 de julio de 2017

EL POEMA

¿Por qué creamos arte con palabras?
¿Para curarnos? ¿Para trascendernos?
¿Para aliviar nuestra soledad? ¿Para vivir otras vidas?
Quizá todas las posibles respuestas a estas preguntas se puedan resumir en este poema.



El poema me llevará en el tiempo
Cuando yo ya no sea la morada del tiempo
Y pasaré sola
Entre las manos de quien lee

El poema alguien lo dirá
A los sembrados

Su paso se confundirá 
Con el rumor del mar con el pasar del viento

El poema habitará 
El espacio más concreto y más atento

En el aire claro en las tardes transparentes
Sus sílabas redondas

(Oh antiguas oh largas
Eternas tardes lisas)

Aunque yo muera el poema ha de encontrar
Una playa donde romper sus olas

Y entre cuatro paredes densas
de honda y devorada soledad
Alguien su propio ser se confundirá 
Con el poema en el tiempo






Los poemas de la portuguesa Sophia de Mello Breyner (1919-2004) están escritos como si no fuera a leerlos nadie nunca, con esa calma e intimidad que uno reserva para un diario o para las cartas de amor a amantes que ya no están. Son filosóficos y enigmáticos, maravillosamente musicales, y también sensuales y políticos. Buscan una verdad con la que reorganizar el caos de la vida, el caos propio e íntimo de cualquiera que busque trascendencia en el amor o en los recuerdos. Y también una verdad para la gente, como una forma de activismo político, porque "una verdad a medias es como habitar medio cuarto / ganar medio salario / tener sólo derecho / a la mitad de la vida."


domingo, 2 de julio de 2017

YO, TÚ, NOSOTROS

Hace dos años, unos días antes de un viaje a Perú que me cambiaría la vida, comenzó un viaje interior que nos la cambió a Óscar a mí: nació un proyecto poético-musical creado exclusivamente por él. Ese proyecto consistía en tocar una improvisación y acompañarla al piano durante cada uno de los días que yo estuviera fuera, luchando con miedos internos y tratando de encontrar algo de sentido a la pobreza y la naturaleza humana en todos sus recovecos. 

Cada uno de los treinta y tres días que estuve fuera, Óscar escribió para mí un poema y una pequeña pieza musical. La del día del poema publicado hoy aquí está inspirada en aquella que sonó a miles de kilómetros de distancia un día de verano de 2015.

He elegido de entre todos esos poemas este (que pertenece al día 28) porque resume en una pequeña estrofa de tres versos, la esencia de lo que es una relación de pareja: un privilegio. Apostamos por un y nos dejamos caer desde nuestro yo por el "precipicio de la propia desnudez" y es en el nosotros donde regresamos de vuelta del exilio y entendemos, con sencillez, el verdadero significado de la palabra privilegio.



Escribir sobre sí mismo es transformarse en palabras
es luchar contra la inconsistencia del lenguaje
para dejar una huella honesta que perdure

decir yo es convertirse en otra cosa, un pronombre
dos letras diminutas caminando por el precipicio
de su propia desnudez

decir tú es una apuesta, el vuelo de una carta
lanzada al aire mientras cruzo los dedos
deseando que aparezcas

decir nosotros
decir nosotros es darle la vuelta a las costuras del amor 
y descubrir que del revés puede ser todavía más bonito

decir nosotros es como volver de un exilio
hacerse cargo de nuevo de una nacionalidad y de una lengua
de un hogar donde las palabras recobradas se vuelven hogueras

decir nosotros 
es sencillamente
un privilegio. 




Óscar es la mitad musical de este proyecto. Sus dedos están detrás de la música de piano que acompaña cada poema. Su pasión por la poesía no sólo viene de leerla: desde hace años también la escribe. Y aquí tenéis una muestra. 


sábado, 17 de junio de 2017

COMO RECIÉN LLEGADO AL MUNDO

Fuego. Muchos poetas buscan la intensidad de las palabras como si quisieran prenderles fuego. Y viven sus horas de melancolía prendiendo cerillas, mirándolas arder hasta que les queman los dedos, como si esa incandescencia fuera un reflejo de su interior. Los poemas de Alberto Conejero son así, incendios permanentes, palabras que crepitan en la oscuridad en busca constante de su propia trascendencia. 


Como recién llegado al mundo,
a la estampida de raíces a la que llaman vida,
aprenderás de nuevo el orden de los astros,
la laboriosa ciencia de ser en los otros
otra vez solo, tú,
polizón de los días que aún te aguardan. 

No esperes el asilo de los pájaros.
No aguardes el consuelo de la nieve. 
Aquí, arrojado, aprendiz del oficio
de intemperie, comprenderás, tarde o temprano,
que no hay albergue en el corazón de un náufrago
si no es para las olas. 






Alberto Conejero (1978) se hizo un hueco en nuestras conversaciones cuando fuimos a ver La piedra oscura, una obra de teatro suya que reconstruye lo que pudieron ser las últimas horas del último amante de Lorca. La obra era intensa hasta el desgarro y su poesía refleja ese mismo sentimiento exaltado hasta el límite. 


domingo, 11 de junio de 2017

DAME TU MANO

Nos movemos en distancias volubles. Elásticas. A veces el mar nos rodea y su oleaje nos deja a la deriva, indefensos y aislados, chapoteando en una soledad no buscada sin manos tendidas. Es entonces cuando más necesitamos acercarnos a una presencia querida, una memoria, encontrar, en medio de la inmensidad del agua, nuestro pedacito de tierra. 


"Hoy me gusta la vida mucho menos
pero siempre me gusta vivir".
César Vallejo

Dame tu mano
amor
no dejes que me hunda
en la tristeza.
Ya mi cuerpo aprendió
el dolor de tu ausencia
y a pesar de los golpes
quiere seguir viviendo.
No te alejes
amor
encuéntrame en el sueño
defiende tu memoria
mi memoria de ti
que no quiero extraviar.
Somos la voz
y el eco
el espejo
y el rostro
dame tu mano
espera
debo ajustar mi tiempo
hasta alcanzarte.



Claribel Alegría (1924) es una poeta nicaragüense. En los años cuarenta estudió con Juan Ramón Jiménez en Estados Unidos, país donde vivió hasta los años ochenta. Regresó a Nicaragua en los años de la revolución sandinista y en su poesía se refleja su compromiso social y su denuncia de la represión política de Centroamérica en esos años. Hace unas semanas recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana al conjunto de su obra. 


domingo, 4 de junio de 2017

TRANVÍA

Juan Ramón Jiménez visitó Nueva York en 1916. Pensamos que debió de divertirle mucho la ciudad, porque en su siguiente libro, Diario de un poeta recién casado, publicó este texto hilarante y alocado sobre los neoyorquinos y las gafas que pululan por la ciudad. Hay cientos de poemas románticos, modernistas, sutiles, filosóficos o espirituales en la obra de Juan Ramón. Sin embargo, hemos escogido este porque su poesía también está en la intrascendencia de unas pantorrillas..., digo, de unas gafas. 


TRANVÍA
New York

GAFAS. Pantorrillas de fieltro alto, arrugado y fangoso. (Van al baile y son ellas solas la pareja.) Gafas. Ningún ojo claro. Mandíbulas incansables -¡qué cansancio!- que mascan goma, sin fin. Gafas. Borrachos sin gracia, que hacen reír risas de mueca a todo un mundo de dientes de oro, plata y platino. Gafas. Amarillos, cobrizos y negros con saqué blanco, es decir, negro, es decir, pardo y sombrero de copa de ocho... sombras. Gafas. ¡Cuidado! ¡Que me pisa usted los ojos! Mirada, digo, gafada sin vida. Gafas, gafas, gafas.



Juan Ramón Jiménez (1881-1958) es uno de los poetas españoles más importantes de la primera mitad del siglo XX. Decidió abandonar la carrera de Derecho para dedicarse a la literatura, influido por Rubén Darío y los simbolistas franceses. Tuvo varias crisis de neurosis depresiva y permaneció ingresado en Francia y en Madrid. En 1936, al estallar la Guerra Civil, se exilió a Estados Unidos, de donde viajó a Cuba y, por último, a Puerto Rico. En este último país recibió la noticia de la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1956.